SEXUALIDAD FEMENINA

1. SEXUALIDAD FEMENINA

La sexualidad forma parte de nuestras vidas; tiene un gran impacto en la calidad de vida, bienestar psicológico y en nuestras relaciones. Diversos estudios muestran una alta relación entre satisfacción sexual y calidad de vida en mujeres de cualquier edad.

En ocasiones, hablar sobre sexualidad femenina, placer, deseo y otros conceptos, sigue siendo tema tabú. A pesar de ello, las estadísticas muestran porcentajes muy elevados de disfunciones sexuales que repercuten en el bienestar psicológico de la mujer; también pueden llegar a repercutir en la relación de pareja, si la hubiera y en otras áreas vitales.

Se estima que aproximadamente un 11.8% de mujeres entre los 20 a 50 años, presentan alguna alteración sexual. A partir de la menopausia, el deterioro de la sexualidad suele ser mayor. Entre los 50 y 55 años, un 29.4% ( en algunos estudios refieren alrededor de un 50%) padecen algún desajuste a nivel sexual.

Las disfunciones sexuales se caracterizan por una alteración de los procesos habituales del ciclo de respuesta sexual o por aparición de dolor durante el intercambio sexual.

Existen distintos motivos para la aparición de una disfunción sexual e intervienen factores orgánicos (infecciones vaginales, enfermedades crónicas, alteraciones hormonales, menopausia…) y psico-sociales (estrés, conflictos de pareja, apatía, rutina, baja educación sexual, sentimientos de culpa ante el sexo, abusos sexuales…).

Un gran porcentaje de mujeres posponen consultar a un especialista a pesar de percibir un  deterioro en su sexualidad; diversos estudios revelan que, en la mayoría de los casos, esta demora agrava la disfunción y empeora empeora la relación de pareja.

Para un correcto diagnóstico y tratamiento de cualquier disfunción sexual es necesario:

  • Conocer los factores orgánicos que puedan estar influyendo (a través de una exploración ginecológica)
  • Evaluar la sexualidad a través de una historia psicosexual y cuestionarios específicos (elaborado por un psicólogo experto en sexología)

Un tratamiento eficaz para mejorar la sexualidad debe ser individualizado a las necesidades de cada paciente y necesita un proceso de evaluación completo y especializado.

En muchos casos puede ser recomendable un tratamiento multidisciplinar, combinando la terapia psicosexual (sexología) con fisioterapia (fisioterapia del suelo pélvico), psicología clínica, tratamiento farmacológico/ginecológico (para tratar infecciones, alteraciones hormonales, otras enfermedades…).

Consulte con su ginecólogo o con un especialista en sexología todas las dudas en referencia a su sexualidad.

Si quiere conocer más sobre las disfunciones sexuales y su tratamiento psicosexual consulte el apartado de sexología de Psicoestima’t, especialista en sexualidad femenina y terapia de pareja (http://www.psicoestimat.es/sexologia-tractament/).

Las principales disfunciones sexuales femeninas son;

2. Bajo deseo Sexual:

También conocido como deseo sexual hipoactivo o Trastorno del interés/excitación sexual femenino, es una de las disfunciones sexuales más frecuentes en las mujeres, que está comúnmente asociada a otras disfunciones sexuales y a una elevada repercusión negativa en la relación de pareja. Consiste en una disminución del interés sexual y de una marcada ausencia de fantasías o deseo por la actividad sexual; por ello la mujer tiende a evitar las relaciones sexuales o acaba cediendo a las peticiones de su pareja para contentar su deseo. En muchas ocasiones, la falta de deseo sexual conlleva conflictos dentro de la pareja, que alejan a la mujer y disminuye aún más su deseo.

Diversos estudios científicos han investigado la prevalencia de esta disfunción en mujeres, no obstante, los datos son muy oscilantes y variables dependiendo del estudio y del rango de edad estudiado. Se estima que alrededor de un 36% de mujeres presentan un deseo sexual alterado, siendo las edades más prevalentes las cercanas a la menopausia.

Las principales causas suelen ser:

Causas orgánicas:

– Alteración hormonal

-Enfermedades crónicas

-Fármacos (antidepresivos, antihipertensivos…)

Causas psicológicas y de relación:

– Ansiedad, estrés (conflictos diarios relacionados con el trabajo, casa, hijos…)

– Monotonía y rutina sexual

– Conflicto de pareja

– Trastorno estado de ánimo

– Otras disfunciones sexuales previas

– Alteración de la imagen corporal (no sentirse atractiva y tener sentimientos negativos hacia el propio cuerpo)

– Miedo a la intimidad

– Pensamientos alterados en relación a la sexualidad (“debo practicar más sexo aunque no tenga ganas”, “otra vez mi pareja me está insistiendo, esta vez lo tengo que hacer…”)

– Sentimientos de culpa o rechazo ante las relaciones sexuales

– Experiencias traumáticas o abusos

Tratamiento Sexología: Bajo Deseo Sexual

En primer lugar, se deben tratar los factores orgánicos siempre que sea posible disminuir los efectos secundarios de la medicación si esta fuera la causante del deterioro en la sexualidad. Una vez controlados o reducidos los factores orgánicos, se debe atender a los factores psicológicos.

El tratamiento psicológico dependerá mucho del tipo de causa principal que haya generado el deterioro de la sexualidad. En general, el objetivo principal es generar una reaproximación progresiva hacia la propia sexualidad y hacia la sexualidad en pareja (fantasías, estimulación, caricias…). A pesar de que se tratan componentes distintos dependiendo de las características de cada caso, un tratamiento adecuado frecuentemente debería incluir:

Psicoeducación sexual (conocer más sobre la sexualidad, nuestro cuerpo, sobre los mitos e ideas preconcebidas que solemos tener, sobre las áreas que nos generan más placer a mujeres y hombres…)

Entrenamiento en fantasías y pensamientos eróticos

Ampliar el repertorio sexual (conocer otras estrategias distintas a la penetración con las que podemos conseguir una mayor satisfacción sexual y placer)

Ejercicios de Kegel (consiguen una mayor identificación y control de la musculatura vaginal y además incrementan la sensibilidad de la vagina y generan sensaciones eróticas y placenteras)

Entrenamiento en reestructuración cognitiva (tratar de gestionar aquellos pensamientos que interfieren negativamente en mi sexualidad cómo: “voy a hacerlo, hoy toca…”, “no tengo ganas…”

Ejercicios de juegos eróticos a solas y en pareja

Otros complementos específicos podrían ser:

– Gestión del estrés, técnicas de comunicación y expresividad con la pareja, mejora de la autoimagen y aumento de la afectividad con la pareja, entre otras.

3. Anorgasmia:

La incapacidad o retraso persistente para alcanzar el orgasmo suele afectar al bienestar emocional, autoestima y satisfacción en las relaciones. En muchas ocasiones una estimulación sexual poco satisfactoria, muy rutinaria y poco excitante pueden agravar la disfunción. También pensamientos anticipatorios negativos durante la relación sexual (“no voy a alcanzar el orgasmo, no hace falta seguir intentándolo…”) y una escasa autoexploración de nuestros órganos sexuales pueden contribuir a la aparición del problema.

Podemos hablar de dos tipos de anorgasmia:

Anorgasmia primaria: Cuando la mujer nunca ha experimentado un orgasmo; ni mediante penetración ni mediante masturbación

Anorgasmia secundaria: Cuando la mujer ha experimentado el orgasmo en algún momento de su vida sexual, pero posteriormente ha dejado de sentirlo o presenta muchas dificultades para alcanzarlo.

Suele ser más prevalente en mujeres jóvenes, ya que la capacidad orgásmica femenina aumenta con la edad. A pesar de ello, diversos estudios apuntan a que aproximadamente entre un 6% y un 11% de mujeres nunca han experimentado un orgasmo y entre un 10% y un 22% lo alcanzan de manera irregular. Algunas mujeres incluso acaban fingiendo sus orgasmos en pareja, para evitar conflictos o sentimientos de impotencia en una relación.

En este tipo de disfunción, la mayoría de factores causantes y mantenedores de la anorgasmia son componentes psicológicos.

Posibles causas y factores mantenedores:

– Estimulación genital incorrecta o deficiente

– Ansiedad o estrés asociado a las relaciones sexuales

– Baja educación sexual sobre la estimulación y respuesta sexual femenina

– Miedo a perder el control

– Pensamientos distractores durante la actividad sexual

– Hipervigilancia a factores externos (apariencia del propio cuerpo durante la actividad sexual, buscar elementos de comprobación del placer del otro…)

– Dificultades en la relación de pareja

Tratamiento Sexología: Anorgasmia

El principal objetivo del tratamiento para la anorgasmia es que la mujer amplíe su variedad de estimulación sexual, adquiriendo un mayor conocimiento sobre su anatomía, pensamientos y que ello le facilite su capacidad de llegar al orgasmo.

Los principales componentes del tratamiento son:

Psicoeducación sexual (conocer más sobre nuestra sexualidad, nuestro cuerpo, sobre los mitos e ideas preconcebidas que solemos tener, sobre las áreas que nos generan más placer a mujeres y hombres…)

Entrenamiento en reestructuración cognitiva (tratar de gestionar aquellos pensamientos que interfieren negativamente en mi sexualidad)

Autoobservación y autoexploración del propio cuerpo y los genitales, localizando las áreas que generan más placer.

Ejercicios Kegel (consiguen una mayor identificación y control de la musculatura vaginal y además incrementan la sensibilidad de la vagina y generan sensaciones eróticas y placenteras).

Focalización sensorial durante la estimulación

Entrenamiento en estimulación vaginal

Aumentar repertorio de fantasías eróticas

Maniobra puente para alcanzar el orgasmo durante el coito

4. Dolor coital (Dispareunia) y Vaginismo

Cuando el dolor reemplaza al placer durante la actividad sexual es cuando hablamos de Dispareunia. Este dolor puede aparecer en el momento de la penetración, durante el coito o después de la relación sexual y puede ser experimentado como sensaciones de quemazón, escozor, dolor punzante… En muchas ocasiones el dolor coital viene provocado por una mala lubricación de la vagina (muy frecuente sobre todo durante la menopausia debido a otros factores hormonales y psicológicos) o por una contracción de los músculos vaginales que dificulta la penetración y acaba provocando dolor (vaginismo). La mujer acaba asociando las relaciones sexuales al malestar y dolor; no logra alcanzar el orgasmo, ya que el intercambio sexual resulta incómodo y doloroso y por ello suele evitar las relaciones.

En cambio, la contracción involuntaria de las paredes de la vagina ante la penetración es lo que se conoce como vaginismo. Existen distintos niveles de gravedad; hay casos en los que no es posible la introducción de ningún objeto en la vagina (pene, tampón, espéculo ginecológico…) y otros en los que la contracción se produce únicamente al introducir el pene durante la actividad sexual. Esta disfunción suele ir acompañada de un alto sentimiento de culpa por parte de la mujer, al no lograr una adecuada penetración y en algunos casos también puede derivar a la aparición de otro tipo de disfunciones sexuales.

Dependiendo del estudio, aproximadamente alrededor de un 5% y 15% de mujeres padecen Dispareunia. El diagnóstico de vaginismo es descrito cómo menos frecuente, no obstante, en muchas ocasiones suele estar solapado y es difícil distinguir del de Dispareunia.

Alrededor de un 70% de las parejas esperan de media entre 1 y 2 años para consultar este tipo de disfunción sexual. Esta demora suele agravar la problemática y la interferencia en otras áreas de la pareja acaba siendo mayor. En ocasiones, se decide consultar finalmente por la imposibilidad de realizar una adecuada exploración ginecológica (sobre todo en el caso del vaginismo) o por la aparición del deseo de embarazo.

Los factores causales de Dispareunia y Vaginismo suelen ser muy similares.

El dolor asociado a la penetración puede estar causado por diversos factores orgánicos:

– Escasa lubricación (generada por numerosos motivos: juego sexual previo a la penetración insuficiente, bajos niveles de excitación, menopausia, efectos secundarios fármacos…)

– Lesiones o irritaciones

– Anormalidades urogenitales del desarrollo

– Inflamaciones o infecciones en el área genital

– Puerperio (periodo posterior al parto)

– Vaginismo ( suele ser un precedente para la aparición de Dispareunia)

También por factores psicológicos:

– Estrés/ansiedad

– Depresión

– Miedo al dolor, al embarazo o a la intimidad durante las relaciones sexuales

– Sentimientos de culpa o rechazo

– Pensamientos anticipatorios negativos

– Abusos sexuales

Aunque los tratamientos para la Dispareunia y el Vaginismo presentan sus particularidades, en general suelen compartir la mayoría de estrategias  terapéuticas. Algunos de los componentes de la terapia son:

Psicoeducación sexual

Conseguir una adecuada lubricación (lubricantes/tratamientos específicos ginecológicos)

Ejercicios de Kegel (consiguen una mayor identificación y control de la musculatura vaginal)

Autoexploración genital y observación del espasmo (vaginismo)

Relajación muscular progresiva

– Técnicas para reducir la ansiedad y estrés

Terapia de desensibilización (a través de la introducción progresiva de dilatadores, hasta conseguir la penetración)

Estrategias cognitivas para disminuir los pensamientos anticipatorios negativos

– Técnicas para mejorar la comunicación de pareja referente a la sexualidad.

Asesoramiento sexual de pareja: Cuando las relaciones sexuales se han evitado durante cierto periodo de tiempo, el acercamiento a la pareja suele ser difícil. Para recuperar la intimidad sexual con la pareja puede ser beneficioso realizar un entrenamiento en comunicación y asesoramiento sexual.

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